
Después de un turno húmedo, deja secar los guantes de cuero a temperatura ambiente, lejos de calefactores y del sol directo. El calor forzado agrieta el cuero y acorta su vida mucho más que el propio trabajo.
Quita el polvo y el barro cuando estén secos, y mantén los guantes lejos del aceite y los disolventes, salvo que el modelo esté hecho para ese trabajo. El cuero empapado en aceite se ablanda y pierde agarre y forma.
